Trabajadores En Una Granja De Panga En El Sur Del Delta Del Mekong En Can Tho Vietnam Reuters

La industria del panga lucha por recuperarse tras denuncia

Trabajadores en una planta de fileteado en Can Tho, en el sur del delta del Mekong.

Vietnam: Las aguas de las piscifactorías de Vinh Hoan, una empresa de acuicultura con sede en el delta del Mekong, al sur de Vietnam, parecen a primera vista tranquilas, como si no hubiera vida en ellas. Hasta que los primeros granos de pienso caen en la piscina y las cabezas de miles de peces emergen en la lucha por un pedazo de comida. La alta densidad de las poblaciones de panga, un pez blanco muy popular en España durante los últimos 15 años, es una de las imágenes que han alimentando la polémica sobre esta industria cuyas estándares de salubridad han sido cuestionados durante años. “Es porque el panga necesita menos oxígeno que otros tipos de pez “, asegura Max Basch, vicepresidente de ventas y marketing de Vinh Hoan, el mayor productor mundial de este pescado.

Una polémica que ha llevado a la industria a desplomarse en España, especialmente después de que ‘En el punto de mira’ emitiera, a principios de año, un reportaje durante el Programa de Ana Rosa Quintana en el que se denunciaban las prácticas de producción de la industria en jaulas caseras en las aguas del río Mekong, “uno de los ríos más contaminados del mundo”, decía el reportero. El programa hizo caer inmediatamente las ventas y las exportaciones desde Vietnam, el principal productor mundial, a España se desplomaron a la mitad durante los primeros cuatro meses de 2017, según los datos de aduanas del país. Una tendencia que no es exclusiva de nuestro país, y que se vive también en Europa, donde las exportaciones cayeron un 24% durante ese mismo periodo.

La controversia no es, sin embargo, nueva, ni injustificada, aunque la industria y sus defensores se debaten ahora por probar que sus prácticas han mejorado, abrazando sellos de sostenibilidad para recuperar la confianza de los consumidores. “En el pasado la industria tuvo muy malas prácticas y la mala reputación continúa”, asegura a este diario Barbara Jancker, del Aquaculture Stewarship Council, uno de los principales sellos de sostenibilidad del sector.

Así, con el inicio de las exportaciones a Europa a principios de los años 2000, el sector creció rápidamente y de forma poco controlada en el delta del Mekong. El panga se producía entonces mayoritariamente en las polémicas jaulas que se veían en el reportaje del Programa de Ana Rosa, y las crías eran capturadas en la parte alta del Mekong, lo que puso a prueba la propia supervivencia de la especie, al interrumpir el ciclo natural de reproducción del panga.

Al mismo tiempo, Vietnam comenzó una estrategia de posicionamiento del panga como uno de los pescados más baratos de los estantes de los supermercados europeos, y la producción empezó a concentrarse, abandonando las jaulas y abriendo grandes piscinas a la orilla del río. “La industria cambió de las jaulas hacia las granjas, porque les permite ser más eficientes”, asegura Roel Bosma, investigador de la Universidad holandesa de Wageningen, especializado en la sostenibilidad de la industria. El sector se centró además en la especie hypophthalmus, más fácil de filetear y con una carne muy blanca y con poca grasa. Sin embargo, las jaulas del programa de Ana Rosa aún existen, explica Huynh Quoc Tinh, gestor de proyectos de acuicultura de WWF Vietnam, pero son minoritarias, con aproximadamente el 5% de la producción total, y en ellas crece un tipo diferente de panga, el bocourti, una especie más difícil de filetear y con más grasa, por lo que es poco eficiente para las grandes empresas de exportación y se destina a consumo local.

En esta estrategia de concentración, se dejó además de usar pienso casero y se empezó a comprar pienso industrial, en muchos casos importado desde el extranjero, algo que, según un estudio de 2009, se convirtió en el principal problema medioambiental de la industria. “Se ha mejorado algo en ese aspecto con la introducción de piensos más locales pero sigue teniendo un impacto importante”, asegura Bosma. La gran concentración de granjas también empezó a causar problemas en la calidad del agua, que llevaron a una proliferación de enfermedades en los peces y a un uso abusivo de antibióticos y otros químicos. La apertura de piscifactorías supuso además la pérdida de ecosistemas valiosos y de biodiversidad en el delta.

La rápida invasión de este pescado lo puso en el punto de mira de los medios europeos, que durante años han retratado algunos de esos impactos medioambientales que estaba provocando la industria en el delta del Mekong. La patronal de los exportadores de productores pesqueros de Vietnam, VASEP, defiende, sin embargo, que la imagen que tiene el panga en Europa y, en particular, en España es injusta, ya que “el 100% de la panga crece ahora en granjas en tierra” y porque “cualquier fábrica que quiera exportar a Europa debe ser aprobada por la propia Unión Europea”, asegura To Thi Tuong Lan, vicesecretaria general de la organización. VASEP reconoce, sin embargo, que la industria aún tiene una importante huella ecológica, especialmente en la gestión del agua. “Recientemente hemos sido conscientes, la industria y las autoridades, del impacto medioambiental y en la calidad del agua de las piscifactorías. Por eso, Vietnam mantiene la producción en 1,2-1,3 millones de toneladas al año”, asegura.

Según Tinh de WWF, la mayor parte de las granjas utilizan agua del Mekong, aunque ésta es generalmente analizada y tratada primero para evitar poner en riesgo a sus propios peces, con enfermedades u otras amenazas. Sin embargo, no todas las granjas tratan sus aguas después de utilizarlas y antes de devolverlas al Mekong, lo que ha generado problemas con los antibióticos y los químicos utilizados durante el proceso.

Un camino difícil hacia la certificación

“El panga es el mejor pescado del mundo”. Max Basch, un americano que lleva varios años dirigiendo la estrategia internacional de marketing de Vinh Hoan, sabe vender su producto con entusiasmo. Basch y su empresa son, sin embargo, conscientes de que la mala prensa del panga es una dura batalla que no pueden ganar solos, por lo que en 2012 se convirtieron en la primera granja de panga de Vietnam en conseguir la certificación de ASC. “[La polémica sobre el panga en] Europa fue la primera razón para obtener la certificación. Los países europeos al principio eran suficientemente importantes para hacerlo”, asegura Basch.

No parece que la certificación haga que los consumidores cambien de opinión

El Gobierno comparte la estrategia y lanzó en 2007 el Diálogo sobre Acuicultura del Panga, cuyo objetivo era conseguir que más granjas obtuvieran las certificaciones de sostenibilidad. Sin embargo, el progreso ha sido más lento de lo esperado y mientras que el Ejecutivo esperaba que para 2015 todas las empresas tuvieran al menos un sello de certificación, y al menos un 50% el de ASC, hoy solo el 19,6% han conseguido este último, mientras que no hay datos concretos sobre el total de granjas certificadas.

Según Barbara Jancker, de ASC, la certificación supone toda una serie de cambios en la gestión de las granjas que, en última instancia, implica una mayor inversión de dinero que muchos se resisten a realizar. Así, las granjas sólo pueden estar en localizaciones aprobadas y debe estar demostrado que no amenazan a especies en peligro de extinción. Deben utilizar además el agua de forma eficiente y están obligados a analizarla antes. El agua también tiene que ser tratada antes de devolverla a los cursos naturales, comprobando que no sobrepasa unos límites máximos de nitrógeno y fósforo. Tampoco se pueden usar antibióticos u otras medicinas de forma preventiva y solo de forma limitada si se detecta un brote.

Trabajadores en una planta de fileteado de panga en Can Tho, Vietnam. (Reuters)Trabajadores en una planta de fileteado de panga en Can Tho, Vietnam. (Reuters)

Sin embargo, la propia estrategia de la industria para romper el mercado con precios bajos les está pasando ahora factura y los consumidores se niegan a pagar más por un pescado que perciben como de baja calidad, aunque esté certificado. “No parece que la certificación haga que los consumidores cambien de opinión”, asegura Nam Phuong Trinh, de VASEP. El investigador Roel Bosma coincide y asegura que “los bajos precios no permite a los propietarios de pequeñas granjas invertir en [la certificación]”.

El bajo perfil nutricional del panga tampoco ayuda a que los consumidores estén dispuestos a desembolsar más dinero. Así, la mayor parte de los estudios destacan su baja proporción en proteínas, en comparación a otros pescados, mientras que la OCU recomendó limitar su consumo tras encontrar en un estudio restos de mercurio y de un herbicida, la trifluoralina, prohibido en Europa. En ambos casos, los niveles estaban por debajo del mínimo legal.
Sin embargo, con estándares de sostenibilidad o sin ellos, muchos se siguen oponiendo al sistema de producción masiva de industrias acuícolas como el panga. Así, la organización ecologista Greenpeace ha mostrado a menudo sus reservas hacia la acuicultura como solución a la sobrepesca, resaltando que buena parte de las especies, el panga incluido, son también carnívoras, por lo que se necesita pescado para alimentarlas, así como el uso de antibióticos y otros químicos. Los altos recursos que se necesitan para enviar el pescado a más de 10.000 kilómetros de distancia también han sido cuestionados, especialmente si es fresco, puesto que tiene que viajar en avión. “Si fuéramos capaces de gestionar de forma eficiente nuestros recursos marinos, no necesitaríamos la acuicultura”, asegura Roel Bosma. Para el académico, en realidad, solo hay una alternativa sostenible: comer más vegetales y menos proteína animal.

Fuente: ElConfidencial/https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-08-24/la-industria-del-panga-lucha-por-recuperarse-tras-la-denuncia-en-el-programa-de-ana-rosa_1433245/

Pie de foto: Trabajadores en una granja de panga en el sur del Delta del Mekong, en Can Tho, Vietnam. (Reuters)

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