La Pesca Envejece.

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Lo que los pescadores necesitan es un programa de pensiones; lo que la acuicultura necesita son programas de inversión en infraestructura para crecer.

En el mundo más del 80% de los productores de la industria pesquera son mayores de 60 años. La industria está envejeciendo y las cifras indican que cada año un gran número de personas estarán abandonando a la pesca. La reposición de nuevos trabajadores está en entredicho.

Tan solo en el campo mexicano, según “La Comisión Permanente del Congreso de la Unión” (organismo que se encarga de las tareas correspondientes a las cámaras de Diputados y Senadores cuando éstas se encuentran en receso en México), el 54 por ciento de los pescadores tiene más de 50 años, y el promedio se encuentra en los 63 años, por lo que sólo uno de cada 10 tiene entre 16 y 25 años.

De los 40.3 millones de pescadores que hay en el mundo, según la FAO, 2 millones corresponden a América Latina, y de estos, 283 mil viven en México. Cuando la pesca no proporciona un ingreso adecuado y estable, los pescadores posponen la edad del retiro, y esto hace qué el promedio de edad de los trabajadores de la pesca aumente aún mas. En este sentido, el aumento futuro de la edad de los pescadores es una señal de inestabilidad ambiental, económica y social de las comunidades pesqueras. Por otro lado, los jóvenes solo ven interés en la pesca, cuando la población de peces es alta y estable y ven en ella una actividad en la cual es posible genera un ingreso y hacer una carrera. Cuando los jóvenes no ven una industria rentable en la pesca, se van a buscar otras oportunidades y el promedio de edad de la pesca sigue aumentando. 

No obstante, lo expuesto con anterioridad, la mayoría de los Gobiernos de América Latina, poco o nada le han puesto atención a esta situación de envejecimiento de pesca. Por el contrario, continúan mediante paliativos redundantes prometiendo justicia a los pescadores con programas para sostener y aumentar la producción pesquera, de la cual no tienen ninguna idea cabal de la situación ecológica de las capturas prometidas, y “borrachos de cifras” entregan presupuestos y subsidios de programas que están diseñados para elevar la producción de pescados y mariscos, como la compra de redes, motores o lanchas, cuando lo que tendrían que hacer es crear un programa de pensiones para este grupo vulnerable de la sociedad, utilizando bolsas y programas de asistencia social. Así los recursos presupuestados por los Gobiernos para incrementar la producción de peces y mariscos se podrían destinar en su mayoría al crecimiento de la acuicultura sostenible, que, según la FAO, será la industria que proveerá de la mayoría de peces y mariscos al mundo en los siguientes años. 

En general, el nivel de acceso de pescadores a la seguridad social en la región de América Latina es muy bajo. En Perú, por ejemplo, el 94,3% de los pescadores ypescadoras artesanales no cotizan en ningún fondo de pensiones, mientras que en el caso de Colombia esta tasa alcanza el 97%. En Chile, solo el 8% de los pescadores y pescadoras inscritos en Registro Artesanal tienen afiliación a la seguridad social. En el caso de El Salvador, se estima que el 93% de las personas ocupadas en la pesca y la acuicultura pertenecen al sector informal y, por tanto, no cuentan con seguridad social.

Para comprender mejor el problema que representa la falta de un programa de pensiones para los trabajadores de la Pesca en América Latina, tenemos que analizar la marcada tendencia de estos a continuar dentro de la actividad. Esta situación puede explicarse por varios factores, uno de los cuales es la inversión en el tiempo que tendrían que hacer estos pescadores de mediana edad, para aprender a desarrollar otro tipo de oficios, a demás de que están acostumbrados a obtener ingresos en el corto plazo. Otro factor es el bajo nivel de escolaridad de la población pesquera, que le impide poder incorporarse a otras actividades productivas que no sea la captura, de manera rápida y funcional. Y finalmente, la facilidad que tienen los pescadores de emplearse en esta actividad y obtener ganancias en el corto plazo es una condición que favorece la mínima tendencia al cambio de actividad. Las condiciones de trabajo del pescador, si bien no son las óptimas, sí le permiten tener un cierto margen de discrecionalidad y flexibilidad. 

En la actualidad, una familia de cuatro personas está en situación de pobreza por ingresos, si éste es inferior a us$20.00 por día, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL – México). Los ingresos de los pescadores no son estables y están muy lejos de la cifra que propone el CONEVAL. Es por esto por lo que la mayoría de los pescadores, sin considerar su avanzada edad, aceptan los subsidios del Gobierno a los programas para la producción pesquera, aceptando riesgos que quizá ya no deberían tomar, al continuar saliendo a pescar, cuando lo que en realidad necesitan es una pensión que les permita llevar una vida digna durante su vejez. Aquí hay una confusión de programas, que al final no van a aumentar la producción de pescados y mariscos, una omisión de las condiciones de vida de los pescadores que no cuentan con ningún plan de pensiones, y una falta de tino, por no invertir estos subsidios y apoyos en el crecimiento de la acuicultura, que sí generaría empleos rurales a una población de jóvenes y que hoy tienen que emigrar a la ciudad o al “norte”. 

Columna de “Artemia Salinas”.

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