Desde el techo de Shrimp Box

Shrimpbox: la pieza que le faltaba a la acuicultura

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La empresa ya proyecta la instalación de la primera granja automatizada en Estados Unidos.

Unos 100 contenedores, en un espacio de poco más de media hectárea, marcarían el banderazo de salida para un proyecto revolucionario. Este modelo podría, al fin, atraer la atención de los fondos de inversión que tienen puestos los ojos en proyectos revolucionarios.

Por: Maricultura Vigas *

El futuro de la producción acuícola cabe en un contenedor, usa tecnología de punta y se gesta en Oaxaca.

Esta es la historia de Shrimpbox, el proyecto más ambicioso de Atarraya Inc., que promete transformar a toda una industria para saciar el hambre de un mundo superpoblado.

Para el mercado estadounidense ($40 mil millones de dólares al año), el camarón fresco y sustentable es una utopía. Pero no lo será por mucho tiempo. 

Al menos así lo piensa el equipo que, desde la costa de Oaxaca, México, desarrolla Shrimpbox, la primera granja camaronera robótica del mundo: un simple aunque sofisticado dispositivo tecnológico que desafía los paradigmas que por décadas han dominado a la industria acuícola.

Shrimpbox es más que un contenedor carguero: se trata de un dispositivo tecnológico diseñado para crear vida. 

Con sistemas automatizados y un software capaz de aprender para luego tomar decisiones, esta pieza de ingeniería tiene el potencial de ayudar a la acuicultura a dar su salto más grande en décadas.

“Un día estaba platicando con un astrofísico de Harvard que por esos días conducía un experimento en la Estación Espacial Internacional”, recuerda Daniel Russek, CEO de Atarraya Inc., en entrevista para Panorama Acuícola Magazine.

“Él pensaba que debía de haber una manera de llevar camarón vivo a los restaurantes de Estados Unidos y yo, como productor, le aseguraba que eso era imposible”, añade el empresario.  —¿Por qué no se puede? —preguntaba el científico, y Russek respondía: —Calentar el agua es muy caro. —No es verdad: todo depende de la inercia térmica — replicaba aquel. 

Así, una a una, todas las objeciones técnicas que ponía Russek se iban desmontando con argumentos científicos.

“No has hecho tu tarea”, sentenció el físico en algún momento, y dejó sembrada una idea en la mente del empresario.

Una idea que, meses más tarde, comenzaría a crecer, a pulirse, a someterse a procesos de ensayo y error y, finalmente, a convertirse en un prototipo funcional.

Primer prototipo del modelo de Shrimpbox.
Talento humano, inteligencia artificial

Desde hace 10 años, Maricultura Vigas —empresa productora, parte del consorcio Atarraya Inc.— produce camarón con tecnología biofloc.

Esta tecnología elimina la necesidad de usar antibióticos y otros químicos peligrosos, y reduce el uso de agua y tierra a una fracción de la cantidad empleada mediante técnicas tradicionales.

También exporta su producto a Estados Unidos con la marca Agua Blanca, que ha seducido por su sabor, a chefs de la talla de José Andrés —propietario de Grupo Jaleo, y una de las personas más influyentes de Estados Unidos según la revista TIME—. 

Sin embargo, los costos financieros y ambientales de la transportación aérea fueron un obstáculo para alcanzar la rentabilidad financiera y la sustentabilidad completa.

Shrimpbox nació para solucionar ambos problemas.

Shrimpbox permite producir en climas diversos, requiere menos mano de obra y es modular: los contenedores que forman una granja pueden ubicarse en distintas locaciones y trasladarse cuantas veces sea necesario.

Pero crear una máquina capaz de automatizar la producción acuícola hasta 85% requiere de la inventiva y el conocimiento de un equipo multidisciplinario: biólogos, ingenieros, programadores y diseñadores provenientes de distintas partes del mundo han encontrado en este proyecto un reto enorme, al tiempo que una poderosa inspiración.

Michel Facen, nacido en Holanda y criado en Argentina, fue ingeniero en producción agrícola en Suiza antes de llegar a Puerto Escondido y convertirse en el principal desarrollador de hardware de Maricultura Vigas.

Para él, la parte más compleja de la creación de Shrimpbox es la automatización “de prácticamente todos los procesos. Por ejemplo, el monitoreo de calidad del agua, del oxígeno, y el encendido de los diferentes sistemas.”

Una falla en el suministro de oxígeno puede producir una mortandad altísima en cuestión de horas. Incluso, minutos.

Pero Shrimpbox tiene la capacidad de enviar alertas por celular para que, a la distancia, los expertos tomen las medidas necesarias para evitar cualquier desastre.

El sistema de alimentación automático de Shrimpbox consigue reducir las horas hombre de trabajo en los estanques y mejorar el esquema de engorda, al suministrar el alimento en los contenedores cada que sea necesario y en la cantidad justa para evitar desperdicios.

Para que todos esos sistemas operen de forma integrada e inteligente, se necesita un cerebro artificial, un software capaz de almacenar y procesar enormes cantidades de información para luego aprender a tomar decisiones.

El software le da nombre a la empresa: Atarraya, y es la principal razón por la que Shrimpbox puede convertirse en una atractiva opción para los fondos de inversión interesados en proyectos con visión de futuro.

Hoy en día, las empresas más valoradas en los mercados financieros globales son compañías que producen software, ya sea para movilidad (Waze, Uber, Tesla), entretenimiento (Netflix, Prime, Spotify), computación (Apple) o cualquier rubro imaginable…

A decir de Daniel Russek, ya era hora de que la acuicultura diera un paso al futuro.

Desde el techo de Shrimp Box
Michel Facen, Jefe de Ingeniería en Atarraya, Inc.

Un artefacto, cuatro usos diferentes: Por su sofisticada simplicidad y por la integración tecnológica que lo compone, Shrimpbox tiene posibilidades atractivas para distintos públicos y usos.

Granja: 100 unidades se pueden producir 100 toneladas anuales, de camarones que se entregarán vivos o frescos, en restaurantes y supermercados, con un precio premio por su sostenibilidad y frescura.

Maternidad: una granja tradicional podría usar Shrimpbox como módulo de preengorda y mejorar su productividad, ya sea extendiendo el ciclo productivo para obtener mejores tallas, o insertando más ciclos al año

Laboratorio/escuela: en universidades, el dispositivo podría utilizarse para que los estudiantes aprendan a cultivar con biofloc, en un sistema hiperintensivo y automatizado

Investigación y desarrollo: se pueden realizar pruebas de esquemas y tipos de alimentación, salinidades, genéticas y otros parámetros

Ver para creer

En diciembre de 2019, cuando el mundo estaba a punto de cambiar para siempre, Arleta Skrzyńska trabajaba como maestra e investigadora en la Universidad Autónoma de Baja California, en Ensenada, a 9,700 kilómetros de su natal Polonia, y no estaba más cerca que eso de imaginarse el vuelco que daría su vida en los siguientes meses.

“Un día, Daniel Russek visitó la universidad. Me estuvo interrogando sobre temas de alimentación: que cómo se producía el alimento para los peces y para los camarones más sustentable, y sobre los experimentos que realizábamos en la universidad.”

Luego, Russek le habló sobre su granja camaronera. “Me habló de toda su lucha, del trabajo que hacía Maricultura Vigas en Oaxaca, de toda la historia de dónde venía y a dónde iba.”

Sin embargo, Skrzyńska conocía la reputación de la industria camaronera. “Tiene una mala fama. Realmente, es un cultivo que no ha cambiado nada en los últimos 20 años. Sigue siendo la misma técnica, la misma ingeniería o falta de ingeniería.”

Entonces, “cuando escucho a Daniel Russek hablando de procesos de automatización, de Atarraya, me quedo sorprendida. La verdad, no le creí una sola palabra”, dice riendo.

Meses más tarde, Skrzyńska vería con sus propios ojos que producir camarón con biofloc era no solo posible sino viable.

Pronto, la bióloga se integraría al equipo de desarrollo del proyecto más ambicioso de Atarraya Inc.: Shrimpbox.

“Estaba muy feliz de poder participar en un proyecto que tiene tanto que ver con el futuro del cultivo de camarones en el mundo.”

Admite que también estaba escéptica, pero entendía que Shrimpbox resolvía los problemas de una industria estratégica, y algunos de los apremios de un planeta agotado y bajo amenaza.

Especialista en bienestar animal, Skrzyńska condujo los primeros experimentos de cultivos en el prototipo de Shrimpbox.

Ella vio llenarse los tanques del contenedor con agua y luego explotar en vida. “En el momento que hemos visto los contenedores llenos de agua, que todo funcionaba muy bien, que los camarones estaban dentro, eso fue como un gran alivio.

Vimos que este contenedor, que había sido una idea, se convirtió en algo vivo, y que realmente estaba funcionando.”

Arleta Skrynska, Gerente de Investigación y Desarrollo en Atarraya, Inc.

Los problemas que Shrimpbox resolverá. Extensión geográfica del cultivo: Shrimpbox hará posible cultivar camarón en climas fríos. Está diseñado para utilizar la inercia térmica del agua mediante un uso optimizado de la energía eléctrica.

Fin a la cadena de intermediación: Shrimpbox permite la producción local en amplias zonas geográficas. El camarón fresco puede volver a existir como opción para los mercados.

Imán de inversión: a diferencia de una granja tradicional, Shrimpbox es un proyecto atractivo para los grandes inversionistas. Su rápida instalación permite iniciar la vida productiva de una granja automatizada en cuestión de pocos meses, lo que facilita el rápido retorno de inversión.

Desarrollo e inclusión social: Si bien está diseñado para no depender de una gran mano de obra, Shrimpbox podría servir como un motor de desarrollo para ciudades desindustrializadas u ociosas.

Verdadera sustentabilidad. La mayor ganancia se la lleva el planeta: Shrimpbox está diseñado para optimizar recursos, evitar el uso de antibióticos y darle al cultivo un nivel de control que hoy no tiene ninguna granja en el mundo.

Las claves del éxito 

Probablemente no haya nadie en el mundo que sepa más sobre biofloc en el cultivo de camarón que Plinio Furtado Smith, cabeza del área de Producción de MV.

Hace muchos años que Furtado ha visto nacer proyectos en Brasil, su país de origen, y en otras partes del mundo.

La diferencia de Shrimpbox, dice, es “el grado de automatización que tiene y que va a disminuir el tiempo de mano de obra del personal. Así que te puede ahorrar mucho en términos de número de trabajadores, pues casi todo se va a hacer automáticamente.”

Además, resalta la facilidad de instalación y desplazamiento de las granjas.

“Si quieres empezar un proyecto sería sólo cuestión de comprar el Shrimpbox y hacer alguna base y empezar. Entonces, eso te daría tiempo y sería una ventaja competitiva del sistema.”

Se trata de “un sistema cerrado que te permite tener más estabilidad que en un estanque grande, que debe resistir a la intemperie.”

Producir en Shrimpbox es “mucho más fácil. Te da la estabilidad en la calidad del agua, te disminuye la oscilación de PH a lo largo del día con aireación, te mantiene en niveles de oxígeno simple arriba de 5 miligramos por litro, aunque tengas biomasas de 6 a 8 kilos por metro cúbico.”

“Shrimpbox es más que un contenedor carguero: se trata de un dispositivo tecnológico diseñado para crear vida. Con sistemas automatizados y un software capaz de aprender para luego tomar decisiones, esta pieza de ingeniería tiene el potencial de ayudar a la acuicultura a dar su salto más grande en décadas”.

Daniel Russek, CEO en Atarraya, Inc.

Las granjas del futuro…cercano

Para Daniel Russek, el horizonte de la producción camaronera es promisorio, siempre y cuando se oriente hacia la innovación tecnológica con visión de futuro.

La empresa ya proyecta la instalación de la primera granja automatizada en Estados Unidos.

Unos 100 contenedores, en un espacio de poco más de media hectárea, marcarían el banderazo de salida para un proyecto revolucionario.

Este modelo podría, al fin, atraer la atención de los fondos de inversión que tienen puestos los ojos en proyectos revolucionarios.

Con Shrimpbox, “se puede abrir el financiamiento de la acuicultura”, dice.

“Si tú le pides dinero a un banco para abrir hoyos en la tierra, para el banco no es atractivo, porque si no puedes pagarle, solo podrá embargarte hoyos en la tierra.

En cambio, con Shrimpbox podrías ofrecer como garantía los contenedores equipados.”

Tras los primeros ensayos exitosos en el prototipo, Atarraya ha iniciado la producción en serie del primer modelo comercial de Shrimpbox: Blue Whale que, quizás, era la pieza que le faltaba a la acuicultura para llegar al siglo XXI.

Más información: https://atarraya.ai/

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