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El costo de una mala percepción: cómo la falta de disciplina y respeto hacia la empresa, puede resultar en su fracaso

El costo de una mala percepción: cómo la falta de disciplina y respeto hacia la empresa, puede resultar en su fracaso

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Por: Roberto Arosemena*

Un empresario puede concebir su empresa de dos maneras diferentes: como una extensión de sí mismo, sujeta a su total autoridad y caprichos, o como una entidad independiente pero relacionada, que merece ser tratada con respeto y disciplina. La percepción que adopte tendrá un impacto significativo en el éxito o fracaso de su empresa.

Hace algún tiempo, durante una conversación con una amiga empresaria exitosa, a quien respeto mucho, me sorprendí cuando mencionó que necesitaba dinero para asuntos personales. Esta declaración me intrigó, ya que la cantidad que mencionó era significativamente menor al flujo de ingresos que generaban sus empresas.

Al cuestionarla al respecto, me respondió diciendo: “No puedo tomar dinero de la empresa, ya que sería considerado un préstamo y tendría que pagarlo con intereses”. Mi sorpresa aumentó aún más cuando le dije: “Pero tú posees el 100% de las acciones”.

Sin embargo, ella replicó de inmediato: “Sí, es cierto, pero mi empresa es mi empresa y yo soy yo, y ella tiene sus propias necesidades que debe cubrir, al igual que yo tengo las mías”. Esta conversación me llevó del asombro inicial hasta la admiración por su disciplina y, finalmente, a una reflexión sobre el papel crucial que juega la percepción adecuada del empresario en su relación con sus empresas.

“La percepción que un empresario tiene, de su relación con su empresa, puede verse influenciada por diversos factores y perspectivas psicológicas. Con frecuencia, los emprendedores establecen un vínculo personal profundo con sus empresas, considerándolas como una extensión de sí mismos.”

Por otro lado, algunos se ven a sí mismos como administradores responsables del bienestar y la sostenibilidad a largo plazo de la empresa, priorizando los intereses de esta y sus partes interesadas por encima de las ganancias personales.

Uno de los aspectos negativos de que el empresario vea su empresa como una extensión de sí mismo, con control absoluto, es que puede tener dificultades para mantener la objetividad en la toma de decisiones. Esto puede llevar a decisiones emocionales o personales, en lugar de decisiones basadas en datos y análisis.

Una situación común, resultante de esta situación, es que las empresas se convierten en una especie de “caja chica” para cubrir necesidades personales o de otro tipo que no están relacionadas con la productividad de la empresa. En el caso de tener varias empresas, esto puede llevar a transferencias de recursos entre las exitosas y las que están en problemas, generando lo que se dice en términos coloquiales: “meter dinero bueno al malo”.

Como consecuencia, la capacidad de las empresas exitosas para satisfacer sus propias necesidades, como mantenimiento, inventarios, contratación de personal y adopción de tecnología, se ve gravemente comprometida. Esta falta de disciplina y falta de respeto por las necesidades de la empresa erosiona gradualmente, en ocasiones rápidamente, su capacidad productiva y competitiva, lo que al final puede llevar al fracaso.

El empresario mexicano Carlos Slim ha atribuido la frase: “México es un país de empresarios ricos y empresas pobres”. Esto resalta cómo algunos empresarios priorizan la distribución de utilidades a manera de dividendos, sin considerar las necesidades de la empresa, dejándola con lo mínimo necesario para mantenerse en funcionamiento; pero, sin destinar suficientes recursos para el mantenimiento, el crecimiento y el desarrollo de capacidades, entre otras necesidades.

“En muchos casos, esta falta de disciplina y respeto provoca una descapitalización excesiva, llevando a las empresas a caer en la categoría de empresas “zombies”. Estas empresas no están ni vivas ni muertas, apenas sobreviven, y dependen de apoyos gubernamentales y otras fuentes para continuar operando.”

Las empresas zombies son fáciles de identificar. Son aquellas que, según sus administradores, nunca tienen buenos años, y siempre hay excusas para incumplir compromisos financieros. Es comprensible que haya años difíciles, pero… ¡No todos los años lo son!

Esto indica que, en los años buenos, las utilidades son retiradas de la empresa por el empresario para otros fines, en lugar de destinarse a mejoras y otras necesidades urgentes de producción y, mucho menos, para la creación de fondos de reserva para contingencias futuras.

Las empresas zombies siempre viven al día, “jineteando” su dinero entre proveedores; esto es, manejando o administrando el dinero de una manera hábil, pero a menudo poco ética o transparente.

El otro extremo, a todo lo anterior, es cuando el empresario percibe a la empresa como una entidad separada de sí mismo. La empresa tiene su propia identidad, valores, políticas y procedimientos, así como pautas operativas y financieras bien definidas. Normalmente, son establecidas por el empresario con la asesoría de expertos en cada área.

“Si el empresario adopta una mentalidad institucional y respeta estas pautas con disciplina, la empresa tendrá la oportunidad de progresar, crecer y, lo que es aún más importante, será atractiva para inversionistas que deseen contribuir a su capitalización.”

El comportamiento del empresario es observado de cerca por sus empleados. El ejemplo que brinda con sus acciones y actitudes, establece el tono para el comportamiento de sus colaboradores y el ambiente laboral.

En resumen, aunque es importante que los empresarios sientan pasión y compromiso por sus empresas, una identificación excesiva puede llevar a problemas de gestión y a la toma de decisiones perjudiciales, tanto para la empresa como para la vida personal del empresario.

Es esencial encontrar un equilibrio saludable entre la dedicación a la empresa y la capacidad de mantener una perspectiva objetiva y equitativa.

Roberto Arosemena

Roberto Arosemena es Ingeniero Bioquímico con especialidad en Ciencias Marinas por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Guaymas, y obtuvo su Maestría en Acuacultura por la Universidad de Auburn, Alabama en Estados Unidos.
Cuenta con más de 35 años de experiencia en el sector acuícola nacional e internacional.
Ha ocupado diferentes cargos tanto en el sector tanto privado como gubernamental entre los que destacan haber sido.
Presidente fundador de Productores Acuícolas Integrados de Sinaloa A.C., empresa integradora constituida por 32 granjas camaroneras.
Fue Director General fundador del Instituto Sinaloense de Acuacultura por más de 9 años.
Se desempeñó como Secretario Técnico de la Comisión de Pesca en la Legislatura LXII en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Asimismo, ocupó el cargo de Director Ejecutivo del Consejo Empresarial de Tilapia Mexicana A.C..
Actualmente se desempeña como Director General de NDC Consulting Group y como Socio Fundador y Director Ejecutivo del Centro Internacional de Estudios Estratégicos para la Acuicultura (Panamá).

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