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Cuando la tecnología se convierte en el “canto de las sirenas” de la inversión acuícola

Cuando la tecnología se convierte en el “canto de las sirenas” de la inversión acuícola

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Por: Roberto Arosemena*

Cuando el éxito, de un proyecto de inversión acuícola, se quiere fundamentar únicamente en una propuesta tecnológica innovadora y estimulante, desde el punto de vista intelectual, se corre el peligro de descuidar otros elementos, igualmente importantes, que también influyen en el éxito del proyecto.

Una de las muchas historias, contenida en la antigua mitología griega, hablaba de la existencia de la Isla de las Sirenas, en algún lugar cerca de las costas de Italia.

Contaba la historia que, en esta isla vivían sirenas que cantaban en una forma extraordinariamente seductora, haciendo que los barcos naufragaran, al chocar contra las rocas, al querer acercarse a la costa para escucharlas, o que los marineros que las escuchaban se arrojaran al mar, y a su muerte, queriendo estar con ellas.

“De esta historia surge la frase: “el canto de las sirenas”. Hoy en día, se utiliza para referirse a cualquier cosa que sea atractiva o seductora, pero que pueda tener consecuencias negativas o peligrosas, si se le presta demasiada atención o se le sigue sin precaución.”

Hago esta mención porque, considero que, actualmente, la propuesta tecnológica de muchos proyectos de inversión en acuicultura se está convirtiendo en “el canto de las sirenas”, es decir, la parte tecnológica del proyecto es tan atractiva que seduce a inversionistas, haciéndolos sentir que no hay necesidad de considerar ningún otro elemento relacionado con el éxito del proyecto.

“¡Todo es tan bonito…!! Hasta que el barco choca con las rocas y se hunde.”

En la actualidad, el mundo está experimentando un momento histórico, sin precedentes en términos de desarrollo tecnológico. La velocidad y la amplitud del cambio tecnológico son asombrosas, y están transformando profundamente la forma como vivimos, trabajamos y nos relacionamos entre nosotros.

 Cuando la tecnología se convierte en el “canto de las sirenas” de la inversión acuícola

Están surgiendo tecnologías disruptivas de gran impacto que, debido a su alcance, se han convertido en el foco de atención de muchos inversionistas. En lo personal, celebro y doy la bienvenida a estas nuevas tecnologías, como herramientas que promueven el progreso y el bienestar de la población en general. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la prudencia es esencial en todo momento.

La tecnología no es omnipotente, ya que, tiene costos y limitaciones propias. Los factores que contribuyen al éxito de un proyecto acuícola son diversos, complejos e interrelacionados, y no todos ellos pueden resolverse únicamente mediante la aplicación de tecnología.

“Como inversionistas, es fundamental realizar una rigurosa debida diligencia, incluso si el proyecto cuenta con una propuesta tecnológica muy atractiva, porque existen otros factores, de igual relevancia, que deben ser considerados para garantizar el éxito del proyecto.”

A modo de ejemplo, podemos mencionar importantes proyectos de sistemas de recirculación acuícola (RAS, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos, como Nordic Aquafarms, Kingfish Maine y American Aquafarm, que son considerados como tecnología de vanguardia. Sin embargo, se han detenido debido a la oposición de los Consejos Municipales de las poblaciones cercanas.

En el caso de Kingfish Maine, que cuenta con una inversión de US$ 110 millones, su progreso se ha visto obstaculizado por la oposición del Consejo de Jonesport, Maine, una población con solamente 1,224 habitantes. Es importante reiterar que, el nivel de avance tecnológico de un proyecto nunca debe sustituir la realización de una debida diligencia exhaustiva.

A modo de ejercicio, propongo algunas preguntas, cuyas respuestas son fundamentales, al momento de considerar una inversión en proyectos con un alto componente tecnológico:

1. ¿La tecnología propuesta cuenta con un respaldo adecuado en experiencias anteriores y en sustento tecnológico verificable?

2. ¿Se disponen de los recursos necesarios para afrontar los altos costos, de inversión y operación, de proyectos tecnológicos?

3. ¿La estructura de costos proyectada permite un margen de utilidad razonable, teniendo en cuenta los precios actuales del mercado? ¿Están debidamente soportados los cálculos de costos y precios de venta?

4. ¿Se cuenta con el personal técnico y profesional necesario para operar el nivel de tecnología propuesto? ¿Se dispone de sus currículos y referencias?

5. ¿El nicho de mercado objetivo tiene la capacidad de absorber el volumen de producción proyectado? O, por el contrario, ¿el proyecto puede producir los volúmenes mínimos requeridos por su nicho de mercado?

6. ¿Son lo suficientemente sólidos los estudios de mercado y proyecciones financieras utilizados en la memoria de cálculo?

7. Etcétera.

Creo que, si un inversionista está interesado en comprometer recursos en un proyecto acuícola, lo primero que debería hacer es contratar a un despacho o experto externo, que realice una debida diligencia a fondo de todos los elementos del proyecto. Esta será, sin ninguna duda, la mejor inversión que puede realizar, entre todas las que haga.

Es importante mencionar que, en la mayoría de los casos, los primeros que escuchan “el canto de las sirenas” no son los inversionistas, sino los promotores mismos que están impulsando el proyecto. En su entusiasmo por su trabajo, pueden pasar por alto algunos elementos importantes del proyecto y no transmitirlos adecuadamente a los inversionistas.

“En el peor de los casos, puede haber falta de ética, responsabilidad y profesionalismo por parte de los promotores, al no señalar las debilidades del proyecto, lo cual es muy lamentable, ya que, no solo afecta a ellos mismos y a los posibles inversionistas, sino también a la imagen de la acuicultura en general.”

Si se mantiene la prudencia en el proceso de inversión, la acuicultura puede ser una actividad altamente rentable para el inversionista, así como una forma sustentable de generar derrama económica y producir alimentos de alto valor nutricional para nuestra población.

Como mensaje final, podemos reiterar que la prudencia es esencial al invertir en proyectos tecnológicos, y no se debe invertir en acuicultura (ni en nada) sin antes hacer una debida diligencia profesional, por más atractivo que parezca el proyecto.

Roberto Arosemena

Roberto Arosemena es Ingeniero Bioquímico con especialidad en Ciencias Marinas por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Guaymas, y obtuvo su Maestría en Acuacultura por la Universidad de Auburn, Alabama en Estados Unidos.
Cuenta con más de 35 años de experiencia en el sector acuícola nacional e internacional.
Ha ocupado diferentes cargos tanto en el sector tanto privado como gubernamental entre los que destacan haber sido.
Presidente fundador de Productores Acuícolas Integrados de Sinaloa A.C., empresa integradora constituida por 32 granjas camaroneras.
Fue Director General fundador del Instituto Sinaloense de Acuacultura por más de 9 años.
Se desempeñó como Secretario Técnico de la Comisión de Pesca en la Legislatura LXII en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Asimismo, ocupó el cargo de Director Ejecutivo del Consejo Empresarial de Tilapia Mexicana A.C.
Actualmente se desempeña como Director General de NDC Consulting Group y como Socio Fundador y Director Ejecutivo del Centro Internacional de Estudios Estratégicos para la Acuicultura (Panamá).

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