Por: Alejandro Godoy*
La nueva pirámide nutricional de Estados Unidos impulsa un giro histórico: el consumo de pescados y mariscos debe elevarse a tres porciones semanales. Esta actualización política, centrada en proteínas de alta calidad y omega-3, abre una ventana comercial estratégica para los productores latinoamericanos de camarón, salmón y tilapia.
El 7 de enero de este año, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos realizó una revisión profunda de las recomendaciones alimentarias: la pirámide nutricional 2025–2030 (Figura 1). El cambio es claro y directo, alejarse de los alimentos ultraprocesados (altos en azúcares, carbohidratos refinados, sodio, grasas saturadas y aditivos) y volver a priorizar alimentos reales. Ahora se pone el foco en proteínas de alta calidad, grasas saludables, frutas, verduras y granos integrales; en la práctica, la pirámide se invierte para destacar lo que realmente nutre.
Los responsables de la guía señalan que gran parte del gasto en salud se destina a enfermedades crónicas relacionadas con la dieta y el sedentarismo. Las cifras son preocupantes: más del 70% de los adultos presentan sobrepeso u obesidad y uno de cada tres adolescentes entre 12 y 17 años está en riesgo de prediabetes. Por eso la guía no solo recomienda cambios individuales, sino que busca alinear políticas públicas para apoyar a agricultores, ganaderos y empresas que producen alimentos frescos y accesibles.
Un punto central de la nueva guía es el papel del pescado y los mariscos. Se reconocen como fuentes ricas en nutrientes, especialmente en omega‑3 (EPA y DHA), y se recomienda consumirlos al menos tres veces por semana. En la actualidad, el consumo promedio de omega 3 en Estados Unidos ronda los 110 mg diarios, muy por debajo de los 500 mg diarios que se consideran adecuados. La guía anterior sugería dos porciones semanales (8 onzas o 227 g); la nueva meta es de tres porciones (12 onzas o 340 g), lo que representa un aumento significativo en la recomendación semanal y puede impulsar la demanda del sector pesquero y de la acuicultura.
Según datos oficiales, el consumo per cápita de pescado en Estados Unidos en 2022 fue de alrededor de 9 kg, muy inferior al promedio mundial de 20 kg reportado por la FAO. El mercado estadounidense del seafood está valorado en aproximadamente USD 24,500 millones y depende de cerca de 3 millones de toneladas importadas cada año. El cambio en la guía podría beneficiar en especial a productores latinoamericanos que abastecen este mercado, siempre que se adapten a las exigencias de calidad y sostenibilidad.
Otra novedad importante es la recomendación de introducir pescado y mariscos en la alimentación infantil a partir de los 6 meses, siguiendo prácticas seguras de preparación y evitando riesgos de alergia por manejo adecuado.
Los primeros ajustes en la práctica se verán en comidas escolares, en instituciones militares y en programas de apoyo nutricional, lo que acelerará la incorporación de menús con más proteínas del seafood.
El mensaje práctico es sencillo: priorizar proteínas en cada comida, pero con variedad (pescado, mariscos, legumbres, frutos secos y carnes magras) para mejorar la calidad nutricional y reducir el riesgo de enfermedades crónicas. Este giro en la política alimentaria abre oportunidades para mejorar la salud pública y para que gobiernos y productores adapten sus políticas y oferta.
Además, la guía impulsa medidas concretas para facilitar el acceso: incentivos para cadenas de suministro locales, apoyo a programas de compra pública y capacitación para cocinas institucionales en la preparación segura y atractiva de pescado. Se enfatiza también la necesidad de opciones asequibles como conservas y productos congelados, además de campañas educativas que enseñen recetas sencillas y económicas. La sostenibilidad aparece como criterio clave; se alienta a preferir prácticas pesqueras responsables y a mejorar la trazabilidad para garantizar calidad y confianza del consumidor.
Los productos consumidos en los cuales podríamos ver un aumento en los Estados Unidos, debido a estos cambios nutricionales, son: camarón, salmón, atún y tilapia principalmente. El consumo de seafood per cápita se ha mantenido similar en las últimas dos décadas (Tabla 1), donde el camarón ha sido el producto preferido, desplazando al atún del primer lugar desde el año 2000. La tendencia de consumo deberá cambiar al sustituir otros alimentos por proteínas de alto valor.
Esta es una oportunidad que debemos potencializar, aunado a los aranceles establecidos a países como India, Vietnam y otros, beneficiando en el corto plazo a países latinoamericanos productores y exportadores de las especies anteriormente mencionadas.
Me retiro mis estimados lectores, espero que el gobierno mexicano también entienda esta nueva tendencia y anuncie recomendaciones para comer más pescado.
Las referencias y fuentes consultadas por el autor en la elaboración de este artículo están disponibles bajo petición previa a nuestra redacción.
* Alejandro Godoy es fundador de Seafood Business Solutions, empresa de consultoría especializada en inteligencia de mercados acuícolas y pesqueras. Tiene más de 20 años desarrollando estudios a gobiernos y empresas globalmente





