Por: Roberto Arosemena*
Tras décadas de estancamiento y una marcada caída de su producción acuícola, la acuicultura en Cuba podría estar entrando en una nueva etapa impulsada por reformas económicas, cambios geopolíticos y una ubicación estratégica privilegiada.
Si los cambios económicos y políticos que comienzan a gestarse en Cuba logran consolidarse, América Latina podría estar presenciando el nacimiento de uno de los proyectos acuícolas más importantes de las próximas décadas. No porque la isla descubra nuevos recursos naturales, sino porque podría comenzar a liberar un potencial que durante décadas permaneció prácticamente inmovilizado.
La historia reciente demuestra que las grandes potencias acuícolas no nacen únicamente de la abundancia de agua o de condiciones climáticas favorables. Se construyen cuando los recursos naturales encuentran un entorno institucional capaz de atraer inversión, incorporar tecnología y generar confianza.
Durante las últimas cuatro décadas, Latinoamérica ha producido algunas de las historias de éxito más notables de la acuicultura mundial. Chile desarrolló una industria salmonera que hoy abastece los principales mercados internacionales. Ecuador se convirtió en el mayor exportador de camarón del hemisferio occidental. Brasil consolidó una industria de tilapia con un crecimiento sostenido que lo ha colocado entre los principales productores mundiales de esta especie.
Sin embargo, existe un país que rara vez aparece en las conversaciones sobre la acuicultura regional, a pesar de reunir condiciones excepcionales para convertirse en un actor de primer nivel. Ese país es Cuba.
De acuerdo con estadísticas de la FAO reportadas por el Banco Mundial, la producción acuícola cubana pasó de un máximo histórico de 40,166 toneladas en 1999, a apenas 13,647 toneladas en 2024. Esta caída no puede explicarse por una falta de recursos naturales. Cuba mantiene una extraordinaria disponibilidad de costas, cuerpos de agua y condiciones climáticas favorables. El verdadero obstáculo ha sido la ausencia de un entorno económico e institucional capaz de transformar ese potencial en una industria moderna y competitiva.

Hoy, por primera vez en muchos años, comienzan a surgir señales que podrían modificar ese escenario.
La ventaja competitiva que ningún país puede copiar
Cuando se analiza la competitividad de un país suelen mencionarse factores como el costo laboral, los incentivos fiscales, la disponibilidad de recursos naturales o la infraestructura. En el caso de Cuba existe una ventaja mucho más difícil de replicar: su ubicación geográfica.
Apenas 150 kilómetros separan a la isla de las costas de Estados Unidos. Salvo México, ningún otro país latinoamericano con vocación acuícola se encuentra tan cerca del mayor mercado importador de productos del mar del planeta.
Estados Unidos importa anualmente alrededor de 3.2 millones de toneladas de productos pesqueros y acuícolas, con un valor superior a los 25 mil millones de dólares, para satisfacer aproximadamente el 80% de su consumo interno.
La relevancia de esta ventaja aumenta al considerar las tendencias actuales de las cadenas globales de suministro. Después de la pandemia, numerosas empresas han comenzado a privilegiar estrategias de nearshoring y regionalización para reducir riesgos logísticos y fortalecer la resiliencia de sus cadenas de abastecimiento. En este contexto, la proximidad geográfica deja de ser simplemente una ventaja logística para convertirse en un activo estratégico.
Mientras un embarque marítimo procedente de Asia puede requerir entre tres y cinco semanas para llegar a la costa este de Estados Unidos, un producto cultivado en Cuba podría abastecer ese mismo mercado en cuestión de horas o pocos días. Esta diferencia reduce costos financieros, mejora la frescura del producto y abre oportunidades para segmentos premium.
En una industria donde la logística influye directamente sobre la rentabilidad, pocas ventajas estratégicas resultan tan poderosas.
Un potencial natural ampliamente subutilizado
Cuba cuenta con más de 5,700 kilómetros de litoral, una extensa plataforma marina, numerosas bahías protegidas, condiciones tropicales durante prácticamente todo el año y una importante red de embalses continentales.
Estas características permiten el desarrollo potencial de camarón marino, peces marinos de alto valor comercial, cobia, pargo, moluscos, ostras, pepino de mar, tilapia y macroalgas.
A estas ventajas se suma una importante infraestructura hidráulica desarrollada durante décadas para la agricultura y el abastecimiento de agua. Aunque muchas instalaciones requieren modernización, representan una base física sobre la cual podrían desarrollarse nuevos proyectos acuícolas con inversiones considerablemente menores que construir infraestructura desde cero.
El posible detonador del cambio
En junio de 2026, el gobierno cubano anunció el paquete de reformas económicas más amplio de las últimas décadas con el propósito de atraer inversión privada nacional y extranjera.
Las medidas incluyen una mayor apertura a la inversión privada, simplificación de procesos, mayor flexibilidad para incorporar capital extranjero y apertura parcial de sectores antes reservados al Estado.
Los inversionistas internacionales suelen identificar las mejores oportunidades cuando coinciden tres condiciones: activos subvaluados, reformas estructurales y acceso a mercados de gran tamaño. Históricamente, esa combinación ha precedido procesos de crecimiento acelerado en múltiples economías emergentes. Cuba comienza, al menos de manera parcial, a reunir esos tres elementos.
Persisten desafíos relacionados con divisas, combustible, energía, insumos y seguridad jurídica. A ello se suma el régimen de sanciones económicas de Estados Unidos.
Sin embargo, un eventual relajamiento, que ya se considera posible, de dichas sanciones tendría un efecto extraordinario sobre la percepción de riesgo y la atracción de inversión extranjera.
La oportunidad para una nueva generación de inversionistas
La experiencia internacional demuestra que las grandes industrias acuícolas se desarrollan cuando convergen recursos naturales, instituciones funcionales, tecnología y capital. Cuba parece comenzar a fortalecer precisamente el componente institucional que durante décadas limitó su desarrollo.
La ventana de oportunidad
En economía existe un principio bien conocido: las mayores oportunidades de inversión rara vez aparecen cuando todo está resuelto. Surgen durante los periodos de transición, cuando el potencial futuro todavía no ha sido plenamente reconocido por el mercado.
Si las reformas cubanas logran consolidarse, los primeros proyectos exitosos podrían desempeñar un efecto demostración capaz de acelerar la llegada de nuevos participantes, tecnología y financiamiento, como ocurrió con el salmón en Chile, el camarón en Ecuador y la tilapia en Brasil.
Una decisión que trasciende a Cuba
El caso cubano representa mucho más que una posible historia nacional de recuperación económica. Constituye un recordatorio de que la competitividad del siglo XXI dependerá cada vez menos de la simple disponibilidad de recursos naturales y cada vez más de la capacidad de construir instituciones que inspiren confianza, atraigan inversión y faciliten la innovación.
Si las reformas económicas continúan avanzando y el contexto geopolítico evoluciona favorablemente, Cuba podría dejar de ser uno de los grandes potenciales desaprovechados de la región para convertirse en la próxima gran historia de éxito de la acuicultura latinoamericana.
¿ Logrará Cuba consolidar el entorno institucional necesario para atraer el capital, la innovación y el talento que permitan convertir ese potencial en una industria competitiva?
Si la respuesta es afirmativa, la acuicultura latinoamericana podría estar presenciando el surgimiento de su próxima gran historia de éxito.
* Roberto Arosemena es ingeniero Bioquímico con especialidad en Ciencias Marinas por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Guaymas, y obtuvo su maestría en Acuacultura por la Universidad de Auburn, Alabama en Estados Unidos. Cuenta con más de 35 años de experiencia en el sector acuícola nacional e internacional. Ha ocupado diferentes cargos tanto en el sector tanto privado como gubernamental entre los que destacan haber sido presidente fundador de Productores Acuícolas Integrados de Sinaloa A.C., empresa integradora constituida por 32 granjas camaroneras. Fue director general fundador del Instituto Sinaloense de Acuacultura por más de 9 años. Se desempeñó como secretario técnico de la Comisión de Pesca en la Legislatura LXII en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Asimismo, ocupó el cargo de director ejecutivo del Consejo Empresarial de Tilapia Mexicana A.C. Actualmente se desempeña como director general de NDC Consulting Group y como socio fundador y director ejecutivo del Centro Internacional de Estudios Estratégicos para la Acuicultura (Panamá).



